Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
2 de junio de 2015

El capital económico de la naturaleza

2234798502_65c5570153_m_cc_jglsongsDe acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza, los activos del océano equivalen a la séptima economía mundial. Justificar monetariamente la protección del medio ambiente se ha convertido en tendencia mundial.

Recientemente el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) presentó un informe completo sobre el papel del océano como motor económico. Concluye que el valor de los activos del océano ascendería a 24 billones de dólares y comparado con las mayores economías mundiales ocuparía el séptimo puesto, con un valor anual de bienes y servicios de US$2,5 billones.

El informe alerta sobre la posibilidad de que esta riqueza se reduzca drásticamente por los efectos de la sobreexplotación, el mal uso y el cambio climático. La investigación se centra en llamar la atención no sobre lo perjudicial de acabar con el medio ambiente sino sobre los efectos que esto podría traer para la economía. Una estrategia, que las organizaciones de conservación ambiental, han empezado a utilizar para impactar en quienes toman las decisiones.

Vivimos en una era económica donde el lenguaje financiero y los argumentos monetarios impregnan nuestro discurso social. Hoy pensar en la naturaleza en términos económicos no se limita a los economistas. Políticos, medios de comunicación, defensores del medio ambiente y empresas ya buscan análisis económicos para justificar monetariamente la protección del medio ambiente.

Tradicionalmente, en el mundo ha primado la explotación de los recursos con fines económicos en aras del desarrollo, sin tener en cuenta el valor de las riquezas naturales a largo plazo. Por ejemplo, en Colombia, a pesar de ser uno de los países más megadiversos, las decisiones estratégicas dejan al medio ambiente en segundo lugar, como lo demostró el debate del Plan Nacional de Desarrollo en el Congreso donde fueron avaladas las licencias exprés.

“A pesar de ser una exigencia constitucional y legal, en el país ninguna persona natural o jurídica, pública o privada, internaliza sus costos ambientales. Las cuentas macro y micro nunca toman en consideración el valor del pasivo ambiental, ni mucho menos los dineros necesarios para su renovabilidad. Nadie rinde cuentas de cuánto vale conservar o renovar el ambiente del cual toman sus materias primas y después sirve de sumidero de sus residuos”, dice Carlos Javier Velásquez, director del Centro Urbanum de Uninorte.

El capital de la naturaleza

El valor económico de la naturaleza está oculto a la vista, por lo que se ha promovido su uso ineficaz y se destruye el capital natural. Principalmente, esta invisibilidad ocurre porque los bienes y servicios de los ecosistemas tienden a ser compartidos por toda la sociedad y no se transan en un mercado privado.

A nivel económico, el que algo no tenga precio en un mercado, no significa que no pueda valorarse, y casi cualquier ecosistema produce bienes y servicios biofísicos, como aire más limpio, agua, suplemento a las necesidades de alimentos y materiales, y protección.

¿Cómo avanzar en la conservación y valorar los ecosistemas? Los valores de la naturaleza varían según las circunstancias biofísicas y ecológicas locales, así como el contexto social, económico y cultural. Hay valores intangibles que deben tenerse en cuenta junto con los tangibles (alimentos, agua, madera, etc.) a fin de proporcionar una imagen económica completa.

Una investigación realizada por David Díaz y Andrés Vargas, docentes del IEEC de Uninorte, analiza las actitudes hacia la conservación a través de la provisión de incentivos económicos para el caso del bosque seco tropical y el tití cabeciblanco, especie en peligro de extinción.

Encontraron que cuando hay una forma de generar ingresos a partir de la protección forestal aumenta su valor económico. Sin embargo, los incentivos de apoyar este tipo de propuestas disminuyen a medida que aumentan las contribuciones monetarias necesarias para la conservación.

Para Maritza Duque, profesora del departamento de Biología y Química de Uninorte, es clave hacer valoraciones que incluyan los componentes sociales para identificar de qué forma contribuyen los ecosistemas al bienestar de las personas en el territorio y diseñar propuestas de gestión que favorezcan a las comunidades a diferentes escalas territoriales.

De acuerdo con la iniciativa global sobre economía de los ecosistemas y biodiversidad, TEEB, los servicios de los ecosistemas son un buen mecanismo para medir los beneficios que las personas reciben y obtienen de los ecosistemas. En este sentido, las condiciones socioeconómicas de las comunidades son clave para entender y diseñar los programas de conservación.

Biodiversidad y economía

La mayoría de los ecosistemas ofrecen una variedad de servicios ecosistémicos y beneficios al ser humano. ¿Cómo funcionan estos servicios? Los ecosistemas representan la base de la actividad económica por el ofrecimiento de insumos y porque mantienen las condiciones para el continuo abastecimiento de la naturaleza. Especialmente aquellos que sostienen los alimentos, la madera y la producción pesquera, contribuyen de manera significativa al empleo global y la actividad económica. Por ejemplo, se calcula que el sector agrario emplea a más de mil millones de personas; además otros 30 millones obtienen ingresos de la pesca y actividades relacionadas.

Fuente: El Heraldo de Colombia.

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