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ECOSISTEMAS para el bienestar humano
27 de marzo de 2018

El gran potencial de la agricultura urbana va mucho más allá de los alimentos que produce

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Un análisis global ha hallado que la agricultura urbana podría generar hasta un 10% de muchos cultivos de alimentos, además de una serie de beneficios colaterales.

Los paquetes de lechugas de Gotham Green han estado apareciendo en los mejores supermercados de Nueva York y en el Medio Oeste desde 2009. Estas se venden con nombres que hacen referencias a vecindarios y ciudades, como “Windy City Crunch” (Crujido de la Ciudad de los Vientos), “Queens Crisp (Crujiente de Queens)” y “Blooming Brooklyn Iceberg” (Floreciente Lechuga de Brooklyn), dejando claro que la empresa está vendiendo tanto una historia como una ensalada.

Cultivadas en invernaderos hidropónicos en los techos de edificios en Nueva York y Chicago, las verduras son enviadas a tiendas y restaurantes cercanos a horas de haber sido cosechadas. Esto significa un producto más fresco, menos desperdicio y emisiones de carbono más bajas, debido a menos distancia de transporte. Además, para el cliente, participar en esta ‘agricultura urbana’, deja un buen gusto en la boca, al saber que estás siendo parte de una red alimentaria local.

“Como empresa, queremos conectar a los residentes con sus alimentos, con productos agrícolas cultivados a unas cuantas millas de donde estás”, dijo Viraj Puri, cofundador de Gotham Greens y CEO.

La atractiva narrativa de Gotham Greens y sus ingresos anuales de ocho cifras sugieren un futuro robusto para la agricultura urbana. Pero si bien tiene cierto sentido intuitivo labrar cultivos cerca los consumidores sea ecológico, encontrar pruebas reales de los efectos de la agricultura urbana no ha sido tan fácil.

Un estudio ampliamente citado de 2008, que fue realizado por investigadores en la Universidad Carnegie Mellon, encontró que el transporte de productor a tienda sólo representa un 4% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero producidos por los alimentos, lo cual pone en tela de juicio la preocupación sobre las ‘millas alimentarias’. Mientras tanto, algunos tipos de agricultura urbana quizás consuman más energía que la agricultura rural, particularmente las granjas interiores verticales que dependen de la iluminación artificial y del control climático.

Una operación como Gotham Greens puede reciclar agua mediante su sistema hidropónico, pero las granjas al aire libre —como las que han surgido en lotes vacantes en Detroit— normalmente requieren irrigación, un problema potencial cuando se toma en cuenta que muchos sistemas municipales de agua están luchando por mantenerse a la par de la demanda. Y muchas granjas urbanas tienen dificultades económicas; en una encuesta de granjeros urbanos de EEUU que fue realizada en 2016, sólo uno de cada tres dijo que podía ganarse la vida gracias a su granja.

Si bien ciudades y estados han empezado a aflojar las restricciones sobre la agricultura urbana y hasta han empezado a alentarla mediante incentivos financieros, sigue siendo una pregunta abierta si cultivar alimentos en ciudades finalmente hará que éstas sean más verdes. ¿La cantidad de comida producida compensará las desventajas de esta agricultura? Un análisis reciente del potencial global de la agricultura urbana —el cual fue publicado en la revista Earth’s Future— ha tomado un gran paso hacia encontrar una respuesta a esa pregunta, y parece que hay buenas noticias.

“La agricultura urbana no sólo podría ser responsable de varios puntos de porcentaje de la producción global alimentaria, sino que también hay beneficios adicionales más allá de eso y más allá de los impactos sociales”, dijo Matei Georgescu, un profesor de Ciencias Geográficas y Planificación Urbana en la Universidad Estatal de Arizona y un coautor del estudio, junto con otros investigadores en esa universidad e investigadores adicionales de Google, la Universidad Tsinghua en China, la Universidad de California, Berkeley y la Universidad de Hawái.

 

Usando el software de Earth Engine de Google, así como conjuntos de datos poblaciones, meteorológicos y de otros tipos, los investigadores determinaron que la agricultura urbana —si fuera implementada totalmente en ciudades alrededor del mundo— podría producir hasta 180 millones de toneladas métricas de alimentos al año. Esto es alrededor de un 10% de la producción global de legumbres, raíces y tubérculos, más cultivos de verduras.

Esas cifras son importantes. Los investigadores esperan que alienten a otros científicos —y también a los planificadores urbanos y a los líderes locales— a empezar a tomar la agricultura urbana más en serio como una fuerza potencial para la sostenibilidad.

El estudio también examina los ‘servicios de ecosistema’ relacionados con la agricultura urbana, entro ellos la reducción del efecto ‘isla de calor’ urbano, la evitación de la escorrentía de aguas pluviales, la fijación del nitrógeno, el control de plagas y los ahorros energéticos. En su conjunto, estos beneficios adicionales hacen que la agricultura urbana tenga un valor de hasta 160,000 millones de dólares a nivel anual en todo el mundo. El concepto de servicios de ecosistema ha existido durante décadas, pero está creciendo en popularidad como una forma de mostrar en términos económicos los beneficios que los humanos obtienen de los ecosistemas saludables. Georgescu y sus colaboradores decidieron investigar los servicios de ecosistema potenciales que se podrían proveer mediante la adopción generalizada de la agricultura urbana, algo que no se había intentado antes.

Más allá de los beneficios que ya disfrutamos de tener árboles en las calles y parques en nuestras ciudades, los investigadores calcularon que la agricultura urbana totalmente realizada podría proveer hasta 15,000 millones de kilovatios-hora de ahorros energéticos anuales a lo largo del mundo, lo cual equivale a casi la mitad de la energía generada por los paneles solares en EEUU. También podría aislar hasta 170,000 toneladas de nitrógeno y prevenir hasta 57,000 millones de metros cúbicos de escorrentía de aguas pluviales, una fuente principal de contaminación en los ríos y riachuelos.

“No teníamos idea de lo que encontraríamos hasta que desarrollamos el algoritmo y los modelos e hicimos el cálculo”, dijo Georgescu. “Y ese trabajo no se había realizado antes. Este es un estudio de referencia y nuestra esperanza con este trabajo es que otros ahora saben qué tipo de datos buscar”.
Robert Costanza —profesor de Política Pública en la Universidad Nacional Australiana— cofundó la International Society for Ecological Economics (Sociedad Internacional para la Economía Ecológica) e investiga el urbanismo sostenible y la relación económica entre los humanos y nuestro ambiente. Calificó al estudio (en el cual no participó) como “un gran avance”.

“Este es el primer cálculo global del potencial de la agricultura urbana”, escribió Costanza en un correo electrónico. “La agricultura urbana nunca alimentará al mundo y este artículo confirma eso, pero el punto importante es que el capital natural en las ciudades puede ser mejorado enormemente y que esto produciría una gama de beneficios, no sólo alimentos”.

“La agricultura urbana nunca alimentará al mundo (…) pero el punto importante es que el capital natural en las ciudades puede ser mejorado enormemente”.

Costanza dijo que le gustaría ver que el enfoque de macrodatos de los investigadores se vuelva estándar en la planificación urbana como una manera de determinar el mejor equilibrio entre la infraestructura urbana y el espacio verde, ya sea granjas, bosques, parques o pantanos. Eso también es la esperanza de los investigadores y han publicado su código para permitir que otros científicos y planificadores urbanos hagan cálculos con sus propios datos, particularmente a nivel local.

“Alguien —quizás en Rumanía, por ejemplo— sólo podría ingresar sus valores y eso producirá cálculos locales”, dijo Georgescu. “Si tienen una gran visión de desarrollar o expandir alguna ciudad con X cantidad de tierra disponible en donde se pueda cultivar la agricultura urbana, ahora pueden cuantificar esos beneficios colaterales agregados”.

Eso podría ser muy valioso, dijo Sabina Shaikh, directora del Programa sobre el Ambiente Global en la Universidad de Chicago, quien investiga el medioambiente urbano y la economía de la política ambiental.

“Los servicios del ecosistema son cosas que son muy específicas a un sitio”, dijo. “Pero esta investigación quizás ayude a la gente a hacer comparaciones un poco mejor, particularmente los legisladores que quieren sopesar ‘¿Cuál es el beneficio de un parque frente a la producción alimentaria?’ o alguna combinación de cosas. No significa necesariamente, debido a que tiene el beneficio adicional de la producción alimentaria, que una granja será más valorada que un parque. Pero les da a los legisladores otra herramienta a considerar”.

Mientras tanto, la política en EEUU y a nivel internacional ya está cambiando para acomodar y alentar la agricultura urbana. Por ejemplo, en 2014 California aprobó su Urban Agriculture Incentive Zones Act (Ley de Zonas Incentivadoras de la Agricultura Urbana), la cual permite a los terratenientes que dediquen parcelas urbanas para el uso agrícola a conseguir valiosas exenciones tributarias. La idea ha resultado ser polémica, particularmente en San Francisco, una ciudad necesitada de vivienda. Además de elevar alquileres, los críticos han argumentado que si impide el desarrollo de vivienda, la agricultura urbana podría reducir densidad y así contribuir al tipo de dispersión urbana que obliga a la gente a conducir sus autos más frecuentemente. Si se colocan granjas en los lugares equivocados, un esfuerzo para reducir la huella de carbono de los alimentos podría tener el efecto opuesto.

Por otra parte, negocios como Gotham Greens que buscan expandirse aún quizás no lo puedan hacer por la zonificación: Puri y sus cofundadores tuvieron que colaborar con la autoridad de zonificación de Nueva York para cambiar las regulaciones que afectan a los invernaderos antes de que pudieran abrir su primera finca. A medida que la empresa busca agregar sitios en otras ciudades, la amplia gama de sus reglas de zonificación, el acceso a los servicios públicos y las regulaciones influirán en sus decisiones.

“Creo que podríamos beneficiarnos de una política más cohesiva”, dijo Puri. “Pero también es una industria muy nueva. Y entonces hay tantos enfoques con respecto a la agricultura urbana. ¿Cómo aborda una ciudad algo que es tan amplio y diverso en esta etapa?”.

Si bien más datos sobre los servicios de ecosistema potenciales y las desventajas seguramente ayudarían a crear un paisaje regulatorio más navegable, Puri —al igual que otros en su industria— es una especie de evangelista, ansioso por promocionar los beneficios menos cuantificables de la agricultura urbana.

“No creo que la agricultura jamás sustituirá la agricultura más convencional”, dijo. “No creo que una ciudad podrá producir su suministro alimentario completo dentro de los limites de la ciudad, pero pienso que puede desempeñar un papel en llevar a la gente más cerca a su comida y en hacer que nuestras ciudades sean más diversas e interesantes y verdes”.

 

Fuente: CityLab Medio Ambiente

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