Evaluación de ecosistemas del milenio de España

ECOSISTEMAS para el bienestar humano
20 de marzo de 2018

Los arrecifes son los ecosistemas más diversos del planeta

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Concientización es clave para entender los beneficios de este sistema.

Son los ecosistemas más diversos del planeta, sólo comparados con las selvas tropicales en la zona terrestre. Los arrecifes de coral proveen una enorme cantidad de productos químicos para la industria farmacéutica, sobre todo para enfermedades como el cáncer, y generan tres millones de dólares anuales a nivel nacional en relación con el turismo, según explica el Laboratorio de Ecología de Ecosistemas de Arrecifes Coralino del Centro de Investigaciones y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav).

Aunque representan apenas el uno por ciento de la superficie del océano, los arrecifes albergan aproximadamente 1.3 millones de especies en el planeta -el 25 por ciento de su diversidad-, y ofrecen servicios a los más de 500 millones de personas que viven cerca de las costas y dependen de la pesca o el turismo.

Sin embargo, las playas se han alterado debido a la contaminación, la demanda turística y el desarrollo costero de sitios turísticos, como Cancún, sin que se atiendan debidamente los problemas con los arrecifes. Aunado a lo anterior, la sobrepesca de peces herbívoros y la pesca deportiva en sitios como Alacranes, las malas prácticas y contaminación, así como el cambio climático global, han provocado cambios en el ecosistema y en todo lo que éste provee.

“Los arrecifes son una inversión importante para este siglo en todos los niveles, ya que el turismo masivo desarrollado en Cancún, el sistema de playas, manglares, las aguas turquesas y transparentes, y arena blanca, todo es proveído por los arrecifes coralinos”, comenta en entrevista el doctor Jesús Ernesto Arias González.

Arias dirige el Laboratorio de Ecología de Ecosistemas de Arrecifes Coralinos, cuyo equipo está integrado por Aarón Israel Muñoz Castillo, Johanna Calle Treviño y Camilo Cortés Useche, estudiantes de doctorado en Ciencias Marinas que llevan más de una década estudiando el ecosistema.

Este año es el tercero que se celebra como el Año Internacional de los Arrecifes Coralinos en México, decretado por la Iniciativa Internacional de Arrecifes de Corales (ICRI) que surgió en 1994 por un grupo dedicado a la conservación y conciencia ambiental, integrada por 60 instituciones, académicos y sector privado. Los años 1997, 2008 y ahora el 2018, se aprovecharon para aumentar la conciencia y sensibilización de la gente.

Muñoz Castillo destaca que esta iniciativa es pertinente este año, porque acaba de concluir un proceso de blanqueamiento (estrés por el aumento o decremento de la temperatura que puede provocar la muerte del coral), el más importante de toda la historia que va desde el 2015 al 2017. “Se consideró el tercer evento de blanqueamiento masivo a nivel mundial y esto se podría minimizar con buenas prácticas” explica.

Los resultados en años pasados, comentan, fueron muy buenos. Hubo talleres, difusión, investigaciones compartidas al público en general para que entendieran que los arrecifes no son piedras ni plantas, son animales, que por las presiones antropogénicas y el cambio ambiental global sufren consecuencias que pueden afectar al ser humano.

Los corales del Caribe mexicano pertenecen a la segunda barrera arrecifal más importante, compartida con Guatemala, Honduras y Belice. Los expertos explican que además de todos los beneficios naturales, químicos y económicos que tienen los arrecifes, también está el recurso estético y cultural, pues corales como los del Golfo de California son considerados el “Acuario del mundo”.

El desarrollo antropogénico no sustentable

Los cepillos de dientes, popotes y botellas que se desechan en el mar son los principales precursores de enfermedades por bacterias en los arrecifes coralinos. “No lo quieren decir, pero en el Caribe mexicano, si te metes al mar hay un montón de bacterias, virus y rotavirus. Han encontrado la Peste en estas zonas. Es un problema enorme de salud pública también provocado por el no reciclado de las aguas negras”, comenta el doctor Arias.

La bióloga Johanna Calle explica que hay zonas, como Cozumel, que en áreas no protegidas registran aproximadamente 30 mil visitas de turistas que ven los corales. “Prácticamente los dejan hacer lo que quieran porque no están reguladas. Aunque esto sólo es Cozumel, pasa en todas partes”.

Sin embargo, Cortés agrega que incluso en las áreas protegidas hay malas prácticas. “Hay buzos que no tienen la experticia para bucear y golpean, tocan, se llevan para su casa, y esto no se debe hacer”.

¿Se puede revertir?

“Hay un principio en la ciencia que dice que la naturaleza jamás regresa al mismo punto”, cita Calle Treviño para explicar que no se puede revertir el daño que se le ha hecho a los arrecifes. Sin embargo, no todo está perdido, actualmente trabajan en la implementación de áreas naturales protegidas, en la restauración y recuperación de especies para volverlas a colocar en arrecifes degradados y por sí mismos restablezcan el ecosistema asociándose con otras especies lo cual sucede, según los entrevistados, en minutos.

A la sociedad le corresponde no utilizar más popotes, vasos y cubiertos de plástico, “son cosas mínimas, que si todo el mundo lo hiciera, tendría un impacto positivo”, agrega la experta.

Opinan que la mínima acción de los municipios costeros debe ser una planta de tratamiento de agua, capacitar a la gente para que no los pisen, no los rompan o estresen más.

“Las comunidades de las zonas costeras salían y pescaban, agotaron a sus peces grandes carnívoros y ahora pescan herbívoros que son más útiles en el ecosistema que en el plato. Ahora pescan langosta, y cuando se acabe, el pepino, y así nos vamos para ver qué más podemos depredar. Tal vez no es nuestra culpa, sino que hemos crecido tanto como población que ya es complicado” agrega.

Los expertos coinciden en que la concientización es clave para que las personas entiendan los beneficios de este sistema y lo reestructuren para buscar un equilibrio entre la naturaleza y el desarrollo antropogénico.

 

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